regalo (un vínculo temporal)

viernes, enero 05, 2007

Te gusta pensar en los demás poniéndote en su piel, buscando su alegría,
unas veces para consololarlos y otras para entusiasmarlos...
Regalas tu tiempo sin límites cuando se trata del detalle,
en lo pequeño pones grandes ilusiones.
Guardas en tu corazón cada momento, cada segundo de luz en mi rostro,
a menudo reflejando tan sólo el brillo de tu mirada.
Lo que no sabes es que cada vez que envuelves un paquete...
o lo adornas, o lo escondes... te estás desprendiendo de un trocito de ti.
Es en esos momentos en los que me doy cuenta de hasta qué punto
sientes bonito, piensas bonito, amas bonito.
Un día mágico, una noche mágica más nos acompaña...
no podría vivirla lejos de ti.
Inconscientemente busco bajo el árbol tus promesas, tu tiempo, tu compañía
pero me basta con el detalle que este año te susurraron sus majestades.
Ojalá esta noche tu sonrisa llene el árbol de luz verdadera,
de tus ojos, de tus risas, de tus sueños...

Si con estas palabras aún no sabes cuál es tu regalo es que no has leído la celestina... jejej

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Podría no mirarte
eligiendo otras palabras
Podria no leerte
evitando ser feliz

Rafa dijo...

Es verdad que sólo el hecho de envolver los regalos ya activa dentro de uno cierta sustancia química (cada vez estoy más convencido de que nuestra química maneja todo lo que somos...)que inmediatamente le hace imaginar la cara que pondrá quien lo va a recibir, es como adentrarse en su mundo interior y, claro, ponerse en su piel; a eso se le llama empatía ¿verdad?
Pero hay regalos que no se reciben envueltos con papel decorado, hay regalos que se reciben mediante un correo electrónico, un sms o, mejor, mediante la confidencia distendida en un bar céntrico de la ciudad, o alrededor de una mesa compartiendo mesa y cubierto.
Esos regalos, no siempre previstos para una noche mágica, son los que a uno le conmueven de verdad, le transforman, le refuerzan los pilares que sostienen lo esencial, los que ayudan a fraguar la estructura del pensamiento y el sentimiento, evitando el peligro de que un día aparezca la "aluminosis ", esa debilidad de la estructura que hace peligrar la estabilidad del edificio.