FELICIDADES ANABEL.
La imagen es de Moni Pérez, elgatodepapel.blogspot.com
Hay palabras que sirven de poco... otras nos salvan la vida
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Siempre me "he sentido" escritor. Ahora, al fin, "soy escritor". Porque escribo.
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Hubo una vez (lo copio no lo invento) un huerto donde los enamorados podían acudir a buscar palabras para expresar lo que sentían. Allí crecían palabras de todo tipo y cada una tenía un precio ajustado a sus efectos y su etimología. Cada cual podía obtener allí palabras sembradas por otros que dijeran todo aquello que uno no sabía cómo decir. Los más atrevidos compraban consonantes y trataban de hacer con ellas palabras imposibles.
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10:23 AM
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En las relaciones, como en democracia, debería haber elecciones generales cada cuatro años.
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Nadie es perfecto. Los años y los daños nos lo van repitiendo como un murmullo suave y recalcitrante. Nadie es perfecto.
No hay nadie que sea capaz de escuchar mis silencios, de ignorar mis palabras, de hablarle a mis miradas y de acallar mis dudas. Tú no eres perfecta, pero casi.
No hay nadie que se trague mis cuentos, que me escuche encandilada más allá de 10 minutos, que se despierte y me mire... y sonría. Tú no eres pefecta, pero casi.
No hay nadie tan divino, tan humano que sea capaz de ver más allá de las bravuconadas, de las alharacas y los aspavientos que a veces hacen de mi vida un molinillo de viento. Tú no eres perfecta, pero casi.
No hay nadie que aguante el mal humor de la gripe, la hostilidad del silencio, las tardes urañas y las mañanas perezosas. Tú no eres perfecta pero casi.
Nadie es perfecto y el tiempo como una lupa nos muestra las imperfecciones, los surcos, las señales y las marcas... Nadie es perfecto pero yo tengo a mi lado... besos de desayuno, miradas que son caricias, tu cuello sobre el regazo, tu tiempo estirado y largo, el sol oculto en tus manos, el fuego, las travesuras, las pullas, los noteaguanto, el café por la mañana, los pies fríos, calcetines, el cuidado... Tú no eres perfecta... pero casi.
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Porque ya eres algo (mucho) de lo que soñaste ser.
Porque ya has llegado y tienes conciencia de estar a punto de empezar.
Porque el tiempo no pasa sobre ti sino que te ensacha el alma y te hace crecer.
Porque el límite es el infinito -en el que tantas veces te has perdido-.
Porque verte feliz me impide mirar hacia otro lado.
Porque eres más de lo que crees y menos de lo que puedes.
Porque ya tienes permiso para explorar mis sueños "con licencia"
FELICIDADES.
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Aunque ando escribiendo en otras carpetas de mi mac no puedo resistir dejar unas palabras en estos días...
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A tiempo y a destiempo... Hablamos sin parar y sin parar desperdiciamos las palabras. Porque si no sirven para hacer brotar la sonrisa, si no hacen estallar en carcajadas, si no endulzan una tarde gris de trabajo... es mejor no gastarlas.
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Siempre me admiró la capacidad de los arquitectos de reproducir el mundo a escala... Desde su atalaya a medio camino entre el arte y la técnica son capaces de representar los recovecos, rincones, imperfecciones y angosturas de cualquier lugar en un plano de ¡sólo dos dimensiones!...
La misma capacidad que los fotógrafos tienen de reducir el mundo lleno colores, infinitos matices brillos y reflejos... a una simple combinación de grises...
Las palabras, la literatura, es al fin una escala de grises que trata de atrapar la vida, de reducirla a escala, de limitarla a las interminables variaciones de gris que pretenden serle fiel. Las palabras, la literatura, es al fin un mapa para la vida que -si es buena literatura- cualquiera puede descifrar. Pero a la buena literatura la vida le rebosa por los bordes, se le escapa, se le agolpa en las tapas y la revienta. Porque la buena literatura no se limita a mirar desde arriba, de lejos sino que se acerca con las palabras a las entrañas del dolor y las pasiones, a los rincones más oscuros del deseo y el miedo, al brillo casual de una mirada, a la levedad de un gesto a lo lejos, a la intensidad de un grito silencioso... Porque la buena literatura disecciona lo que sienten hombres y mujeres... lectores... y lo ilumina, lo extiende, lo dibuja... lo expone... lo interpreta y le da sentido. Porque la buena literatura está llena de color y tiene más de 3 dimensiones...
De momento... me basta escribir en "escala de grises"
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Hace poco recibí un mensaje de N. en el que me recriminaba - animaba - abroncaba - instigaba a continuar escribiendo aquí en este rinconcito que un día A. me regaló en la Internet.
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Hace apenas unas horas DL me ha mostrado emocionado, contenido, humilde y discreto (como es él sólo cuando "es" en serio)... el primer ejemplar de su última novela. Prometo hablar "largo y tendido" del texto cuando se publique y se presente oficialmente.... Pero de momento me gustaría volcar en este pequeño rincón de palabras un agradecimiento, dos deseos y una "descarada" alabanza.
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Porque a veces se me (nos) olvida que las palabras están cargadas de intención
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Hay palabras que sobran, que estorban, que interrumpen, que no dicen nada. Hay palabras que, como una visita inoportuna, están de MÁS.
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Cada vez que me amas es un milagro
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A J.S. le parece que escribir en un blog tiene algo de desahogo y mucho de exhibicionismo. Le parece que mostrar "las vergüenzas" de uno ventiladas en público es algo así como una patología. En cierta manera le parece impúdico.
A J.S. no le gustan demasiado las palabras, así "a secas". Prefiere las imágenes y las canciones. J.S. nació tal vez demasiado tarde -o demasiado pronto-.
Escribir en un blog (o donde sea) es vencer el pudor, y con él... el miedo, el desasosiego, la angustia, el aislamiento. Escribir -y publicar en un blog o donde sea- es salir de la cueva oscura de nuestro propio regodeo egocéntrico.
No se puede ocultar la luz debajo de de un celemín. No se pueden esconcer la belleza, la verdad, la bondad... sólo por pudor.
Lo hermoso no tiene, no siente vergüenza porque no se engríe de su propia belleza.
Lo verdadero no tiene, no siente pudor porque no tiene doblez y se muestrar tal cual es.
Lo bueno no tiene, no siente vergüenza porque busca la luz y huye de lo oscuro.
Las palabras-blog son mucho más que tristes actos de exhibición o de derroche cuando buscan la belleza, la verdad, la bondad. Y si no encuentran no es culpa suya... Es que son difícil de apresar.
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Ya sólo al ver el título el alma se me encendió de nuevo y me recordó (del latín re-cordis... volver al corazón) vuestra esencia... y es que ¡me abrazáis tan bien!, con palabras a veces, sin ellas, también. Y es que en "este mar de fueguitos que es el mundo", tal como dice en sus páginas, vosotros sois de los que arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende. (La Moli)
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A veces la prisa nos coloniza, nos invade y planta sus tiendas en nuestra alma como el más devastador de los ejércitos. Lo ocupa todo, lo llena todo, con sus urgencias espúreas, con sus palabras gastadas, con sus misiones vacías... El día, la hora, el minuto, el segundo siguiente nos pre-ocupa tanto que nos roba el momento. El instante fugaz en el que se nos ensancha el alma, el tiempo extraño de la vida.
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Me gustaría poder desprenderme de mis palabras como de la chaqueta al llegar a casa. Dejarlas posadas distraídamente sobre la butaca, o apiladas en la encimera de la cocina, o arrugadas en el fondo del cesto de la ropa sucia. Para que estos días -los días de ausencia- te tropieces con ellas en el pasillo, te asalten al abrir los cajones de la cómoda o se enrosquen en tu pelo brotando de los pliegues de la almohada.
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11:57 PM
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Si no existieras tendría que inventarte
tendría que (des)ordenar el universo
con su poquito de orden
con su poquito de caos
besarlo todo con palabras
e inventar una historia, un relato, un cuento
que descubriera despacito, en el misterio,
lo que siento por ti.
Si no existieras tendría que pensarte
como pienso las (pocas) buenas ideas
como se piensan los proyectos, los regalos
como se piensa en los que ya no están
como se piensa en lo que está por venir.
Si no existieras tendría que soñarte
imaginarte a mi lado
pintar mis sueños del color de tu risa
fantasear con tus ojos y dormirme en tu piel
tendría que llamar al sueño
para encontrar al menos
la razón de andar despierto.
Si no existieras tendría que crearte
porque sin ti el aire es muy denso
mi vida aburrida
la risa a plazos
el placer hastío
porque sin ti el sol es molesto
la lluvia triste
los viajes huídas
porque sin ti...ESTOY A MEDIAS
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La cordura esconde las más de las veces el miedo. Es la careta "educada" del temor más mezquino. Es la guarida de nuestra más vergozosa mediocridad. Se disfraza de cordura nuestra incapacidad para el cambio, nuestra inutilidad para el diálogo, nuestra limitación para abrir el pecho sin seguros, sin red. La cordura, tan reclamada, tan invocada, tan utilizada... nos estrecha los lazos invisibles que nos unen a la vida lenta, sin compromisos.
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Cuando uno emprende viaje prepara con cuidado y esmero cada detalle. Los libros que leerá, la ropa que necesitará, las expectativas que cubrirá y las que quedarán insatisfechas... y también las palabras. Las guías de viaje se empeñan en enseñarnos a decir "disculpe" "cuánto es" "por favor" "gracias" "por dónde se va" en cientos de idiomas, con miles de matices, con expresiones "culturalmente aceptadas"... Y las palabras así se van gastando y aparecen como torpes bastones de supermercado que un despistado caminante de todo a cien esgrime como elemento indispensable para comunicarse con los "indígenas" del lugar (sean éstos elegantes nubios al borde de las aguas del Nilo, payeses acogedores de la albufera fenicia o campesinos sencillos de la galaica costa...) Y las palabras se van gastando y toda la comunicación posible se queda en transacción vergonzante de la vida real de aquellos a quienes visitamos por nuestra cruel moneda de cambio de turista. Y las palabras se van gastando y, al final, apenas hemos cruzado unas líneas con quienes habitan los lugares que se nos regalan en el viaje.
Las palabras "de viaje" están hechas de miradas, de silencio, de contemplación y escucha atenta... Son más útiles unos ojos abiertos y unos oídos atentos para captar la belleza de un lugar, de sus gentes, de su CULTURA (así con mayúsculas que es la más minúscula de las palabras, la más pegada a la piel de los que la viven)... que cualquier versatil diccionario o guía o mapa.
Las palabras "de viaje" están hechas de ilusión, de generosidad y renuncia. Del voluntario olvido temporal de nuestra propia identidad, que nos ayuda a entender lo que vemos, lo que oímos, lo que sentimos... Porque el verdadero viaje es el que nos arranca de adentro afuera, nos empuja a mirar, nos enseña a escuchar... Nos permite un breve descanso... de nosotros mismos.
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La palabra es un regalo. Un precioso don derramado en las entrañas de aquellos que aún tratan de apresar la verdad. Es un presente inesperado, inmerecido, a veces desconocido, oculto. El don de la palabra esconde a ratos sólo aire, fuegos de artificio, vanidad. Las palabras entonces andan como huérfanas, desgarradas, arrancadas del alma que las engendró. Pero en otras ocasiones las palabras son lazos, vínculos, dulces ataduras entre quien las regala y quien las recibe, vanguardia cordial que desbroza las capas y capas que niegan el contacto de los corazones.
En una película de esas clásicas, clásicas Rebelión en las aulas un jovencísimo Sidney Poitier recibe una bofetada de sinceridad de una maestra de mediana edad consciente de sus propios límites... "Ud tiene un don... cualquiera puede ser ingeniero pero no hay mucha gente capaz de educar a estos muchachos" Los dones (como el de la palabra) son exclusivos o minoritarios o escasos o escondidos (por eso son tan apreciados). El don de (enseñar) las palabras, de mostrar su poder, de hacer sentir la ternura que encierran, de empujar hacia la libertad que prometen, del milagro de "hacer hacer" implica la responsabilidad de desarrollarlo y el sagrado mandato de transmitirlo, de incentivarlo, de buscarlo allá donde se encuentre, de desvelarlo y darlo a conocer.
Una de las mayores satisfacciones del maestro es descubrir el poder, los dones, las capacidades que se encuentran dormidas en sus alumnos. Descubrirlas y re-conocer su valor, su potencial, el inmenso poder de lo inmerecido, de lo otorgado, del don.
García Márquez pidió en el último congreso del ya anciano idioma español que escribamos, y que escribamos bien... para esos millones y millones de lectores ávidos por encontrar en las palabras algo más que promesas o esperanzas de consumo. Que escribamos bien, que mimemos las palabras, que pongamos en el cajón de los regalos el más preciado, el más frágil, el más etéreo, el don de (enseñar) la palabra.
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Un amigo de Puerto Rico me dejó un mensaje hace unas semanas y no he podido contactar con él. Como a veces es difícil o un poco indiscreto dejar comentarios aquí... os dejo una dirección de correo a la que escribir para poder contactar...
palabrasquemiran@gmail.com
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9:46 AM
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Las palabras son amigos a los que hay que ir conociendo. Como en la verdadera amistad... no se puede recurrir a ellas con urgencia, con prisas, sin cuidado. Como en una relación con vocación de crecer y hacer crecer no se les puede pedir "consejos" a la carta, recursos fáciles, recetas. Las palabras (la Palabra, por supuesto) como los amigos nos devuelven tan sólo aquello aquello que les damos (aumentado al ciento por uno). Cuando uno encuentra la palabra justa, la adecuada, la perfecta... vuelve a ella como al amigo sabio que siempre tiene el espejo adecuado a nuestra vida. Cuando uno se acerca a las palabras con unción, con cariño, con sosiego encuentra miradas que le iluminan negruras que jamás se pensaron fértiles.
Las siguientes palabras son robadas (o prestadas como casi todas) pero al leerlas he vuelto al café con el amigo antiguo, a la conversación sin prisas, a la escucha...
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Para crear una relación personal y profunda entre el lector y el libro, se requiere una actitud de concentración y sosiego que el mundo actual no solamente no favorece sino que intenta desprestigiar como poco rentable. La adicción apasionada a la lectura va cayendo cada día más en desuso y relegando al núcleo de sus fieles a la condición de naúfragos amenazados por una amalgama de corrientes mucho más rápidas, llamativas y estruendosas, que a duras penas dejan ya respiro para sacar la cabeza y resistir el embate de sus oleadas.
Se lee más que nunca de milagro, porque milagro es que puedan producirse aún situación en que una persona abrace gustosamente a su soledad, de espaldas a cualquier interferencia. (...)
La lectura fructífera no es nunca pasiva ni puede limitarse el lector a esperar el santo advenimiento de unos efectos espectaculares, sin poner algo de su cosecha. (...) Es como el encuentro con un amigo. Y la conquista de la intimidad con ese amigo no es fulminante e inmediata, sino lenta. Pone a prueba nuestra capacidad de entender y descifrar lo que brinda, nos va revelando nuestra intimidad en contraste con la suya.(...)
Los libros -cómo los amigos- no se pliegan a caprichos tiránicos ni pueden hacerse nuestros de la noche a la mañana. Su esencia reside precisamente en que van a decirnos cosas demoradas, reñidas con la prisa, en que nos van a ayudar a poner la realidad un poco más distante para que no nos ahogue y la entendamos mejor. Y un libro comprado bajo el espejismo de que va a funcionar por sí solo, sin el requerimiento de nuestra participación, como cualquier electrodoméstico, será puro ornamento en nuestros estantes. Nos dará prestigio, citaremos a su autor, pero ese autor -vivo o muerto- se reirá por lo bajo desde dondequiera que esté, y susurrará entre dientes, como aquel marinero del romande del conde Arnaldos: "Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va".
Carmen Martín Gaite."La cosecha de la lectura" (adaptación)Cauce 2000, enero-febrero de 1987. Publicado en Tirando del Hilo.
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La política debería ser el arte de las palabras. Pero no lo es. Las pre-campañas, campañas, post-campañas... están llenas de exabruptos, zafiedad, parquedad, palabras ariscas, desconchadas, gastadas, palabras en harapos. Términos abstractos que se adelgazan de contenido. Disquisiciones semánticas que prostituyen las palabras haciéndolas bandera de causas espúreas: matrimonio, nación, negociación...
La "palabra-política" no encuentra asiente ni palabra que la responda. Es una lástima que aquellos en quienes tantas miradas se posan y a quienes tantos oídos se dirigen se hayan enredado de tal manera en sus propias palabra-laberinto que ya no puedan salir de las palabras egocéntricas que les envuelven: auto-nomía, auto-evaluación, auto-COMPLACENCIA.
Frente a la "palabra-política" hace apenas unos días escuché palabras vivas de una comunidad educativa en el acto de despedida de los alumnos de último curso. Padres, maestros y alumnos se amarraron a la fuerza de las palabras para sembrar sus esperanzas, recolectar gratitud y lanzar al viento ilusiones de futuro. Sutileza, ternura, compasión, bienaventuranza, misericordia, futuro, escucha... hambre... Hambre y sed de justicia, de educación, de futuro... Hambre de curiosidad, de anhelos, de sueños... Hambre de vida que se queda posada en la boca del estómago, en la mente, en el alma de un puñado de jóvenes que aún creen (con cándida inocencia) que se pueden cambiar las cosas. Frente al manido "diálogo" la escucha... frente al gastado conflicto, compañerismo... frente a la victoria, construcción... La nostalgia, la infancia, los esfuerzos, la superación, el carácter, el amor...
Gracias a las palabras. Gracias a los jóvenes y adultos que aún las paladean y las clavan en lo hondo... Gracias.
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Guardo tu cariño en los pliegues de mi alma, guardo los recuerdos en el embozo del corazón, guardo tus miradas en la tinta de mis ojos... guardo lo que aún no ha sido... en el amor... de mis entretelas.
Entre-telas, entre amigos, entre besos, entre palabras y dudas, entre-lazados, entre-tenidos, entre-gados, entre-metidos, entre tu alma y la mía: tu mirada y mi piel.
Entre las sílabas de mis palabras se escapan gemidos sordos y ciegos, entre las líneas de lo que escribo está tu mirada dando vida a lo que pienso, a lo que siento, a lo que soy... Entre tú y yo formamos mucho más que un algoritmo. Entre todos se construye, entre los árboles hace tiempo que no se ve el bosque, entre tu ropa se encuentra el secreto y la ternura. Entre nosotros, palabras, entre nosotros, silencio.
Las entretelas de tu corazón esconden enigmas eternos que se renuevan con cada sonrisa, con cada pensamiento, con cada proyecto, con cada esperanza que arrojas al mundo con generosidad insensata. Si alguna vez te sientes vacía, o sola (que es lo mismo pero encarnado) busca en las entretelas de tu alma y encontraras allí alguna palabra, algún latido... y mi corazón refugiado al cuidado de tu falda.
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No es lo mismo tener cuidado que poner cuidado... Poner cuidado en las cosas, las personas, los seres amados es posar nuestra preocupación suavemente en ellos, sin prevenciones, sin presiones, sin hacer de nuestro amor un lazo que les ate de pies y manos, que les inmovilice. Poner cuidado es dejar caer nuestra mirada sin que se note, delicadamente, sobre la vida de los que nos importan, más allá de cada gesto, de cada instante de indecisión y turbulencia en la vida de los que nos rodean... y en la propia.
No se trata de una hipocondría de las emociones, sino de la comunión íntima con aquello que nos rodea. Comenzando por nuestro cuerpo, nuestra casa, nuestra gente... Se trata de la sutil intervención en las vidas que nos conforman, se trata de poner en orden de vez en cuando la casa, de poner a punto los huesos y de sacar del alma las telarañas.
Martín Gaite en Nubosidad variable hacía que su personaje protagonista limpiara la descuidada cocina del "refu" de sus hijos para ayudarla a poner en orden sus propios pensamientos, sus sentimientos, su vida. Poner cuidado en cada gesto re-ordena los afectos tanto como hacer "limpieza general" re-hace nuestro entorno. El cuidado esencial (término que le tomo prestado a L. Boff) es esencial para nuestro cuidado. Para estar a gusto, para tener paz, para seguir caminando... hemos de poner en nuestros gesto, en las miradas, en las palabras... algo de ese cuidado exquisito del artesano que teje objetos únicos, irrepetibles y frágiles, como el ser amado, como la vida.
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Pepe Trivez
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Se ha perdido la costumbre y con ella el placer. Los viejos apuntes amarillos son los últimos que se salvaron del teclado y el ratón. La práctica de la escritura computerizada nos ha privado de la mecánica y relajante actividad de "pasar a limpio".
Los "nuevos" métodos de enseñanza desterraron la caligrafía uniforme y homogeneizante como los "nuevos" maestros potenciaron el libre albedrío y la formación de carácteres únicos e irrepetibles. ¡Bravo por ellos!
Lástima que ambos olvidaran que no basta con "ser uno mismo" o escribir "a mi manera" sino que también es imprescindible aprender a "querer" las diferencias, a gustar de mi originalidad, a gustarme. Hay que reivindicar la autoestima de la propia caligrafía como hay que restituir el amor propio al lugar de privilegeio que le corresponde en el confuso reino de las emociones.
Se puede caer en el ombliguismo -cómo no- y en la estéril narración egocéntrica de la propia existencia. Pero también se puede recuperar el antiguo placer de "pasar a limpio": los apuntes, las notas, los borrones y... la vida.
Pasar a limpio supone reescribir la propia vida con mimo y cuidado, respetando los márgenes, rescatando las anotaciones a pie de página y haciendo de los tachones la memoria eficaz de los errores cometidos y corregidos (o simplemente sustituidos). Pasar a limpio implica disfrutar con la propia caligrafía de mi historia, con la letra cuidada y corregida de una melodía que nos acompaña siempre, que nos conforma, que nos tatúa en la memoria propia y la ajena.
Hoy transcribo retazos de palabras rotas en papeles perecederos y cuanto más me acerco a la caligrafía primorosa y trabajosa de la infancia más claramente se dibuja... mi vida pasada a limpio: tu nombre.
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Pepe Trivez
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Valiente la mujer que mira los ojos del hombre que le hizo crecer el miedo en el vientre.
Valiente la palabra que se alza en los susurros y denuncia y arrebata y emociona e inflama y enciende corazones y conciencias.
Valientes las manos que permanecen abiertas, tendidas, las manos que estrechan otras manos, las manos que trabajan sin hacer ruido, que construyen, que consuelan, que se posan suavemente en el hombro cansado.
Valiente la mujer que llora cada noche, la joven que ha perdido... el sentido y la luz. La niña que se extravió en la soledad y el miedo y busca tambaleándose la salida.
Valiente el que se enfrenta a sus demonios, les pone nombre, prende la luz y se deja herir or la más cruel de las verdades: la propia. Valiente porque has abierto la puerta, porque empezaste aquel libro.
Valiente la que hace planes en estos tiempos oscuros. Valiente quien engendra sueños y esperanzas.
Valiente, audaz, insensata, mujer que amas la vida aunque te duela. Valiente: mujer. Valiente.
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Hay palabras fáciles y palabras difíciles; palabras que sirven para hacer amigos y palabras que sería mejor no pronunciar jamás.
Las palabras son como las personas: las hay pesadas, ágiles, divertidas, embarazosas, desagradables, tiernas... Las hay que nos quedan dentro para siempre y no las olvidamos jamás y las hay que pasan a nuestro lado y ni las vemos (a las personas, que con las palabras es que ni las oímos). Las palabras digo, son como las personas y por eso, igual que nadie existe para nosotros hasta que posamos nuestra mirada en ellos, hasta que lo conocemos... las palabras no cobran vida hasta que alguien les presta su voz, las nombra, las dice en susurros o las recita bajito para dentro. Las palabras no son todo lo que pueden llegar a ser hasta que no las escuchamos de una voz amiga, que nos conoce y nos ama y a quien prestamos atención...
Las palabras pueden ser sermones o clases aburridas, pueden ser gritos o castigos, pueden ser inútiles y sin sentido...
Pero también pueden ser aventuras, sueños, emocionantes historias que nos envuelven, que nos engañan y nos arrastran a mundos de fantasía donde nada es lo que parece y donde siempre encontramos un trocito de nosotros mismos. ¡Benditas palabras!
LAS ILUSTRACIONES SON DE ANA LÓBEZ.
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Pepe Trivez
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9:13 AM
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La citá alta mira al cielo y el resto duerme en el valle. La vieja muralla se encarama en la roca y queda pendida, en frágil equilibrio. Marcello levanta la vista y la pendiente se le clava en los ojos. Sonríe y gira de nuevo la ruleta del viejo transistor. Es pronto y hace frío. La espesa bruma se ha desprendido del cielo y se agarra a los huesos y a los altos, modernos, edificios de la citá bassa.
Se abrocha la cremallera, para que el gélido invierno no le arrebate el poco calor que conserva de las sábanas que ha dejado cubriéndola. Se permite recordarla, sólo un momento. Giovanna… Siempre le da ánimos para seguir... al borde del abismo… Hasta la noche, cuando vuelven las caricias y las manos se le inundan de dulzura, de momentos compartidos (que al final… son los que hacen que todo merezca la pena).
Todavía no ha llegado Claudia ni el signore Panna. La chica de la taquilla acaba de abrir la pequeña ventana asomada a la plaza. Marcello se mira las manos y suspira. Con la mirada perdida contempla el día que viene. Arriba... lentamente suave y renqueante a la vez. Abajo deslizándose en picado. El hombre del funicular repite cada 10 minutos 100 metros, pendiente al 50%. Cuatro viajes a la hora. Dos hacia arriba. Dos hacia abajo. Veinticuatro viajes al día. Acompañado por conocidos y turistas. Sólo (¿o era Solo?) con retazos de vidas mínimas en historias interrumpidas.
Como siempre… 15 minutos de espera antes de que llegue la hora. 15 minutos que en estos días de sueños marchitados se dilatan como las vías del tren con el calor. Tiene la buena (o mala) costumbre de llegar pronto. Más por temor a llegar tarde que por otra cosa. No le gusta que lo esperen. 15 minutos en los que tiene tiempo para (escucharse) respirar, para mirar hacia abajo… qué pequeña parece la ciudad. 15 minutos para que su “tren de juguete” (así le gusta llamarlo) se llene de gente apresurada y distante. 15 minutos que, como cada día, terminan con el sonido de las llaves girando en la cerradura y con el chirriar de la (sorprendentemente) ligera puerta metálica (“habrá que engrasarla” –piensa-).
Algunos saludos. El tiempo. Educación. Palabras convencionales que sólo sirven para ablandar el vacío de la cabina, la incómoda sensación de los extraños que comparten brevemente un espacio demasiado pequeño para sus egos hinchados. Mudos, casi todos lo miran con conmiseración... ¡qué tortura! Repitiendo el breve trayecto una y otra vez como un Sísifo redivivo. Condenado a no acabar nunca, a no llegar más allá.
A veces, por un momento le da la sensación de que las vías se ensanchan y el “tren de juguete” va a “echar ruedas” (como las plantas “echan raíces”) y a salirse del camino establecido, de la norma, de la rutina. Pero como la mayoría de las ilusiones, se le derrite en el alma, igual que un helado puesto al sol. Entonces se siente triste. Pero sólo un instante. No puede (no quiere) permitírselo.
El hombre del funicular tiene un punto diminuto, casi invisible, de luz en la mirada. Guarda en su sonrisa más amable que sincera el secreto de almas atormentadas, el corazón de seres inconexos cuya existencia dura apenas 10 minutos...
10 minutos infinitos en los que tiene tiempo de observar, de aprender… Muchas de las caras tristes, sonrientes, enfadadas, o simplemente adormiladas (y es que a estas horas “aún no han puesto las calles”) ya le son familiares. Literalmente. Casi se convierten sin querer en su familia diaria. Cree conocer en secreto parte de sus historias, de vidas que pasan casi sin dejar huella por su propia historia, por su cuento interminable. Le gusta imaginar cómo serán, qué harán durante el día… Así pasan las horas… ¿Tendrán una vida aburrida y monótona como la suya? ¿Tendrán alguien que los espere en casa al anochecer… para curar las heridas del tiempo vacío? Algunos le sonríen a modo de despedida… como todos los días… hasta mañana.
PepeCris
si quieres leer la HISTORIA COMPLETA
"http://elhombredelfunicular.blogspot.com"
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Pepe Trivez
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Hay palabras que explican cosas, palabras claras y concisas, unívocas. Hay palabras que comentan, que glosan, que desarrollan ideas propias o ajenas. Hay palabras para todos los gustos. Palabras cortas y largas, ambiguas y rotundas. Existen -o eso dicen- palabras definitivas, palabras que comprometen, que hacen esclavo a quien las usa, que realizan lo que nombran. Y hay también palabras que se derrochan, que se desbordan, que se regalan -a veces sin que el otro las desee ni las necesite-. Hay palabras que escuchan, palabras que invitan a hablar, palabras que son trampolines para las palabras de los otros. Palabras que saltan, palabras que sobran, palabras que sudan, palabras que zozobran y palabras que naufragan sin nadie que las escuche.
Existen además otra clase de palabras. PALABRAS QUE MIRAN. Que miran lo que otros no miran, o que le ponen nombre a lo que todos sienten. Palabras que a veces son historias que uno imagina al verte. Palabras que cuentan o que no. Palabras que guardan silencio y observan... Para que no se pierdan...
En este rato os invitamos a mirar con las palabras… y aún más, a dejar hablar a las miradas. Las miradas de unas decenas de chavalos nicas que nos han prestado sus ojos para mostrarnos un pedacito de aquel hermoso y querido país.
Hay miradas que son más que palabras. Hay una manera tierna, honesta, compasiva de mirar el mundo. Hay miradas que curan con belleza una realidad herida y ultrajada. Hay miradas-bálsamo que tienen el don de ver allá donde nadie ve... Hay miradas que acarician la vida de aquellos en quienes se posan porque la respetan, porque la depositan en una imagen con el cuidado de quien porta la vida entre sus manos...
La mirada de niños y niñas detrás de una cámara. Un proyecto lleno de ilusión y vacío de prejuicios. Una idea que ha querido dar a los niños de Nicaragua la última palabra, la definitiva. Una palabra llena de ternura, de candidez, de la hermosura de lo sencillo, de la desnudez de lo cierto, de la autenticidad de lo sincero. Los niños tienen pues, la última palabra…
Paula y Almudena, antropóloga y fotógrafa respectivamente se echaron el verano pasado en la mochila todas las ganas del mundo, toda la ilusión y el proyecto de recoger… en imágenes, la mirada de los niños nicaragüenses, sus familias, sus comunidades, sus juegos, sus hogares… El trabajo sigue en marcha y ahora, los niños de las escuelas hermanadas de Zaragoza contemplarán la mirada de sus compañeros nicas, aprenderán con ella, la estudiarán, elaborarán materiales a partir de ellas y al final, haremos que sus miradas se encuentren en una exposición itinerante por los colegios, un catálogo colectivo y una exposición digital que viajará a Nicaragua (junto con el material necesario) para devolverles los ecos de sus miradas…
Hoy, aquí, a media luz, una pequeña muestra, agradecimientos, actividades, objetivos… un mínimo testimonio de los más de 130 carretes revelados del trabajo de los niños y niñas. A media luz y bajito, queremos dejar hablar a los que son, el futuro ilusionado de aquel pedacito de tierra que se extiende por el mundo agarrado en el corazón de tantos y tantos… Recorredla despacio, sin prisa… a media luz y entre susurros. Porque aunque nos corten la luz siempre habrá quien encienda una vela… porque aunque nos tapen la boca siempre habrá quien susurre palabras-mirada.
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Pepe Trivez
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Si uno es honesto acaba confesándose que no escribe porque tenga algo nuevo que decir, ni tan siquiera algo hermoso que decir, que uno no escribe por trascenderse ni por dejar en el aire palabras que otros puedan hacer suyas... Uno escribe, sinceramente, PARA QUE LE QUIERAN. Las palabras son fagocitos de afectos que van sorbiendo los amores, los cariños, los mimos... de aquellos que nos sostienen con su mirada. Sin educación, tal vez sin belleza, pero con ternura como el viejo sorbe la sopa que le caldea cuerpo y alma. Uno escribe POR LOS QUE LE QUIEREN porque el amor y la amistad profundos son el único motor que puede sacarnos del marasmo de vaivenes y empujones en que tantas veces se nos pierde la vida. Uno escribe porque desea decir a los que le aguantan, a los que le sostienen, a los que le escuchan, a los que le miran, que sigue ahí, que está por ellos, para ellos.
Hay días en que el tiempo se vuelve espeso y difícil, que cuesta dar un paso, que es imposible ordenar las ideas y los momentos... La vida nos pasa por encima como un tren de mercancías y nos deja en la cuneta con la respiración agitada, exhaustos. Son días sin orden ni con-cierto... días en los que agarramos los sentimientos, los cansancios, las ideas, los sueños y la esperanza y los metemos desordenados en el maleta de los asuntos pendientes... Nos apartamos del ruido o nos zambullimos en él sin pensar demasiado, nos alejamos del corazón y nos refugiamos en la cabeza. Días de prisas y nervios, días vacíos de tan llenos...
Entonces... y sólo entonces, las palabras cobran su verdadero sentido, salvadoras, sanadoras, exorcismo íntimo de los demonios ocultos... liberadoras... Entonces, y sólo entonces, uno recuerda que escribe PORQUE LE QUIEREN.
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Sueño con un amor ancho y profundo, un amor de "sentido", con-sentido y esencial. Sueño con despertarme cada mañana a tu lado y recibir el aire que respiraste. Sueño con un diálogo de miradas en el que lo digamos todo. Sueño fuerte y lento con días perezosos a tu lado.
Sueño con palabras que se unen, con historias hilvanadas por la intriga, personajes, la memoria... Sueño con novelas, con relatos blanco y negro. Sueño con hacer de mis palabras relatos-puente que ayuden a cruzar al otro lado, a ensanchar horizontes, a dilatar corazones, a borrar los límites difusos de la mente. Seño con escribir para los que no me leen.
Sueño con una tierra lejana. Un pedazo de terruño fértil y en barbecho. Polvo negro arrancado a la falda del cerro. Sueño con palos verdes al borde del camino, con vestidos de fiesta, y un mar de piñas. Sueño con un ranchito y un cobijo de sombras, con el sonido de vasos al chocar y el estruendo de sonrisas. Sueño con las manos sucias, agrietadas, satisfechas, con el trabajo común y las oportunidades repartidas.
Sueño con un mundo de palabras, con metáforas imposibles y gestos insensatos. Sueño con cambiar el paradigma, con enterrar la rabia, con desarmar al miedo. Sueño con un bosque de palabras, con sus zonas oscuras, con su frío de sombras. Sueño con cambiar -el mundo no, o tal vez sí- la mirada y soñar a los otros mejores, más libres. Sueño con océanos de sueños, olas de ilusiones, marejadas de esperanza...
Y lo mejor... es que sueño sin cerrar los ojos. Y lo mejor... es que "robo" tus sueños y los hago míos. Y lo mejor... es que son sueños... compartidos.
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Hace algunos años Nativel Preciado publicó un libro titulado así: "Amigos íntimos". En el entrevistaba a distintos y diversos personajes de la vida pública y cultural acerca del concepto de amistad y de su relevancia vital.
En algún sitio leí que los amigos de la infancia son amigos superficiales, apenas compañeros de juegos. Los amigos íntimos aparecen en la adolescencia, al mismo tiempo que surge el concepto de intimidad. Son amistades incipientes, ciegas, radicales, absolutas y las más de las veces proyectivas (uno vuelca en sus amigos no sólo sus gustos y valores sino también sus complejos, frustraciones...). Con la madurez los amigos desaparecen, se pierden la pista, se "enfrían"... O se hacen familia y ya nunca salen de tu vida aunque estén lejos
Los amigos íntimos son aquellos que nos hacen ser lo que somos. Quienes nos confrontan con nosotros mismos. Los que están ahí. Los que nos ponen en evidencia y nos brindan un hombro para llorar. Los que nos regalan su tiempo, sus gestos, sus palabras.
Hay amigos-regazo que nos acunan como cuando éramos niños, nos protegen con su "todo irá bien", nos devuelven la confianza y la fe. Nos arrullan con palabras dulces, musicales. Palabras sin pretensión, palabras-hogar. Hay amigos que nos hacen volver a casa cada vez que nos miran con dulzura.
Hay amigos-abrazo que nos rodean, nos estrechan, unen su pecho al nuestro y comparten nuestro sentir. Son amigos pálpito, amigos entrañables... Nos hablan con sus brazos... con palabras recias, palabras-cimiento.
Hay amigos-ideas que nos emocionan al soñar en voz alta a nuestro lado. Nos inspiran, nos provocan, nos disparan la imaginación y nos regalan pensamientos. Amigos que nos hacen vibrar con ideas compartidas y nuevas... con palabras cargadas de futuro y de inteción... con palabras densas, palabras-concepto.
Hay amigos-mirada que nos escuchan sin decir nada. Que nos piensan y nos crean. Que nos sueñan y nos hacen mejores... sus palabras, silenciosas. Palabras calladas, discretas, mudas. Palabras que miran.
Hay amigos-bálsamo que nos esperan siempre, que nos consuelan siempre. Amigos que nos recomponen cuando nos quebramos por el dolor de vivir. Amigos que encuentran la palabra precisa... Palabras-consuelo.
Y hay amigos que son más que parte de nosotros... regazo, mirada, ideas, bálsamo y mirada... amigos íntimos... gracias.
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12:10 PM
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La cooperación de rostros... le gusta llamarla a una compañera del Hermanamiento... La cooperación hecha de trocitos de vida, de pedazos de corazones compartidos, de miradas cómplices, recuerdos compartidos, futuro en común...
Un regalo...
Las fotos son de Asun Utande y Pilar López. El montaje de Asun Utande. Gracias
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Escondido, agazapado, oculto en o más oscuro del alma acecha el reproche.
Heridas abiertas, sangrantes, purulentas y feas exhalan su hedor cuando el corazón se rinde, cuando presenta oficialmente su dimisión y renuncia a su propio latido.
El reproche retuerce los sentimientos, los ensucia, los mancilla, hace de ellos papel mojado, borrones de tinta sobre historias de amor.
Deudas pendientes, amor a tocateja, trueque de afectos, cuentas de la memoria, balance de los recuerdos... mercadería sentimental.
La rabia, la frustración, la tristeza que nos humilla ante el otro se nos vuelven esputos y puntas arrojadas al corazón que nos presta su latido.
Los reproches convierten la alfombra del salón en cristales arrojdos sobre el piso.
Los reproches quiebran cada acto, generoso, del que un día se pasa cuenta. Reescriben palabras hermosas, las vuelven farfullos o alaridos...
Se acumulan en el tiempo anegando la memoria y ahogando las estrellas, los romances, lo cierto.
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Te gusta pensar en los demás poniéndote en su piel, buscando su alegría,
unas veces para consololarlos y otras para entusiasmarlos...
Regalas tu tiempo sin límites cuando se trata del detalle,
en lo pequeño pones grandes ilusiones.
Guardas en tu corazón cada momento, cada segundo de luz en mi rostro,
a menudo reflejando tan sólo el brillo de tu mirada.
Lo que no sabes es que cada vez que envuelves un paquete...
o lo adornas, o lo escondes... te estás desprendiendo de un trocito de ti.
Es en esos momentos en los que me doy cuenta de hasta qué punto
sientes bonito, piensas bonito, amas bonito.
Un día mágico, una noche mágica más nos acompaña...
no podría vivirla lejos de ti.
Inconscientemente busco bajo el árbol tus promesas, tu tiempo, tu compañía
pero me basta con el detalle que este año te susurraron sus majestades.
Ojalá esta noche tu sonrisa llene el árbol de luz verdadera,
de tus ojos, de tus risas, de tus sueños...
Si con estas palabras aún no sabes cuál es tu regalo es que no has leído la celestina... jejej
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PRIMERA. Porque es la más pegada a nosotros. La que nos encontramos primero. La que nos tropezamos al salir de la trivialidad -o simplemente de casa-. El mndo deja de ser "nominal" y deviene en "pronominalmente mío". Primera por orgullosa, por pedante, por soberbia.
PERSONA. Porque, como en la antigua Grecia, es una "máscara" la que habla, la que cuenta, la que sueña. El personaje que nunca llegaremos a ser, un mal actor de una mala película con pretensiones líricas...
del SINGULAR. Porque es única e irrepetible, porque es exclusia. En medio de un mar de voces "únicas e irrepetibles", de exclusivas, excluyentes individualidades.
Cada uno es como es... y anda siempre con lo puesto (j.m. serrat) pero a veces tu piel te queda como una chaqueta mal cortada y quisieras salir corriendo y refugiarte en la TERCERA PERSONA DEL PLURAL
¡Menos mal que existes y andas siempre lanzando puentes, tendiendo lazos, atando caminos! Menos mal que existes me sumas uno. Menos más que existes eres mucho más que la SEGUNDA PERSONA SINGULAR.
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Según avanzas, al fondo, a lo hondo y en lo adentro el viaje se llena de aristas y esquinas que no pueden evitarse y que rozan con suavidad o con ira la piel que cubre el alma desnuda que camina torpe y ciega.
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Cuando se acumulan tantos nudos en la boca del estómago que llorar no es un desahogo y los ojos se cansan de mirar al borde siempre de las lágrimas.... Cuando se tienen tantas palabras escondidas en cajones, camufladas bajo ironías baratas, apresadas en una poesía imposible, impronunciable... Cuando los deseos no alcanzan las metas por más que se apresuren... Cuando el alma se licúa y se derrama sobre la alfombra de los sueños... uno tiene la sensación que ha llegado la hora de DARSE PERMISO.
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Acodados sobre el mantel a cuadros de la sobremesa, frente a unos vasos -llenos- de vino y algún plato -casi vacío- de cualquier vianda que acompañe la conversación y la bebida. Gastamos las palabras y la saliva en la oria de argumentos "evidentes" pero sordos, ciegos y mudos. El ser humano, la dignidad, amores y azares, pre-ocupaciones, com-pasiones...
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10:37 PM
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Sentada en el porche de la plaza, la mirada perdida, pensamientos líquidos. Las palabras han logrado cruzar los océanos, atravesar montañas, superar los angostos desfiladeros de la distancia. Muchas naufragarán en el proceloso sobre-entendido, otras vagaran perdidas sin un gesto al que agarrarse, sin entonación que las amarre, que las asegure al fin último de sus signos: comunicar corazones.
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Las palabras se volvieron torpes, zafias y ariscas. Las razones ingrávidas flotaron en el aire un rato y ¡plaf! se desvanecieron en la profundidad de un sentimiento macerado, compacto, indescriptible. Los silencios se hicieron eternos y elocuentes. La realidad se llenó de esquinas amenazantes y duras tras las que se escondía siempre... la incertidumbre
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4:31 PM
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Hay quien usa las palabras para explicar (y explicarse) al mundo. Hay quien las pervierte, las manipula, las ensucia y las escupe dejando mal sabor de boca y la conciencia gastada, exhausta. Para algunos son armas peligrosas que conviene vigilar, limitar y cercenar para que no socaven los cimientos de un sistema más construido con obras (injustas) que con palabras (calladas). Para otros son instrumentos de tortura, extensión de su propia crueldad, de su odio y su ironía hiriente y yerma.
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Te molesta mi forma de vestir... La camiseta por fuera, la ropa ajustada, las zapatillas viejas... la ropa interior que se asoma... Te molesta que no me preocupe de mi aspecto... Pero también te molesta que pase horas eligiendo qué camiseta ponerme o buscando la última oferta por las tiendas de ropa con mis amigos... Te molesta que me preocupe tanto mi aspecto... Te molesta mi forma de hablar... las faltas de ortografía, los mensajes del móvil, las horas y horas que pasó colgado al teléfono... los tacos... te molesta que hable demasiado y que hable cuando no debo... que haya perdido el respeto a los mayores... y que ni siquiera sepa qué es tratar de usted... Te molestan mis palabras... y mis silencios... Te molesta que no te cuente nada... las cenas sin una palabra... los secretos... te molesta que no comparta contigo mis ilusiones pero... cuando lo hago no escuchas... porque te molesta mi forma de hablar...
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10:18 AM
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ado una imagen bucólica, inocente y un poco blanda... del patrón de la ecología, del santo italiano.
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Las mil y una noches es el relato de cómo una historia (o cientos) puede salvarte la vida. Sherezade debe contar al sultán una historia cada noche y mantener su atención -y su aprobación- si quiere conservar su hermoso cuello intacto. En estos días, esta pequeña página que trata de ser una mirada y una ventana al mundo (o desde el mundo o por el mundo que, al cabo, todo es lo mismo) ha recibido su visita número 1001; y las palabras se han hecho cuentos y el narrador, contador de historias que, al menos, tratan de salvarle la vida al mismo que las vomita, que las escupe o que las posa con infinita tenura sobre las almas de cuantos las reciben.
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Dar la bienvenida significa estar esperando. Damos la bienvenida al nuevo curso y a los nuevos proyectos, a los propósitos otoñales de septiembre, al gimnasio y a los parches de nicotina. Damos la bienvenida a las primeras fiestas laborales después de la vuelta al trabajo... Damos la bienvenida al futuro que nos espera prometedor, grandilocuente... "civilizado"
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10:28 PM
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Un francés Philippe Delerm escribió hace apenas unos años un pequeño y exquisito libro titulado así "El primer trago de cerveza... y otros pequeños placeres de la vida". Una metáfora de lo inaprensible recogida en lo más pequeño, cotidiano. Entre aquellos placeres que el galo recogía, uno que en estos días disfruto: el primer jersey de lana del otoño.
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Septiembre es el mes de los principios. La "vuelta al cole". La vida vuelve a sus cauces cotidianos, a su miserias y a sus milagros "de andar por casa". Muchas agendas no comienzan ya en el mes de enero sino en septiembre, el mes de los principios.
profesor osado, valiente, honesto, ilusionado, utópico les señala también las ventanas por las que colarse y transformar un mundo con el que no podemos estar conformes.
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Por el precio de un café nos ponen una taza, un plato y una cucharilla. Nos dan café, azúcar o edulcorante, un vaso de agua, una aspirina si nos duele la cabeza, bicarbonato, una mesa y una silla... Nos dejan el periódico, un bolígrafo, usamos el perchero, la luz, la calefacción, el aire acondicionado, es decir, cobijo para resguardarnos del frío, el calor, la lluvia o la nieve. Vemos la televisión u oímos la radio. Podemos hacer nuestras necesidades e incluso nos dan conversación y nos enteramos de las noticias y los resultados deportivos. Podemos observar, pensar, estudiar, leer, escribir...
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A las mujeres del Tololar
en una casa oscura con una cocina de leña, acoger a sus sobrinos como a hijos y mantener la fuerza y la bravura que da saberse mujer-volcán. Tita quiere ser Luz Marina y subir por fin al Cerro Negro, el volcán que tantas veces les ha maltratado regándolos de lluvias de cenizas. Tita quiere ser Luz Marina y guardar (como guarda el cerro) bajo sus maneras lentas y tranquilas toda la rabia y la energía para tranformar un "sur" que quiere ser compañero y no mendigo del "norte", un "sur" dormido como el volcán que les contempla, un "sur" lleno de vida siempre a punto de estallar.
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La Revolución es un sueño que se hizo añicos y clavó cristalitos en el alma de hombre y mujeres de bien, helándoles las ilusiones, hiriéndoles la esperanza o sangrando para siempre las ganas de transformar el mundo. Pequeñas esquirlas de aquel quebranto se remueven en la conciencia de los "siempre militantes" y les devuelven el dolor y la fortaleza de ayer. Los restos del naufragio siguen recogidos en sus almas y afloran en la lucha desigual del día nuevo.
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La casa encierra tantos relatos reales o imaginados que no cabrían las vidas, las risas y las derrotas en cien años de lectura o de charla compartida... Menos aún en cien años de soledad.
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Al norte del país, donde la guerra hizo más daño, partió familias, enrareció ambientes y rompió comunidades... casi en la frontera de Las Manos... donde una vez, hace tanto tiempo, los piratas desterraron a los españoles y les dijeron: "vayan y levanten sus casas allá, en el ocotal"... Allí se dibuja el pueblo... y la casa. García Márquez imaginó el universo entero encerrado en una casa, en torno a un gran árbol... la vida en cien años... En este país vecino, hermano, se descubre que el Realismo mágico es más bien la magia de la realidad de una tierra habitada de hombres y mujeres de historia. Vivir apenas unos días al abrigo de la familia es entrar en el universo de los relatos y la magia, de las tragedias y el sentido del humor, de la sangre derramada y los sentimientos acrisolados, templados, amarrados juntos el amor y la memoria. Doña Chayo, Mercedes, Abel, Luis Fernado, el mandador y el chico... todos viven bajo las alas del diputado. Herido por la balacera, confundido con el presidente en atentado. Don Heriberto tiene un brazo muerto, su mano siempre enguantada y el dolor helado del odio que quiso matalo enquistado en la carne.
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Este pequeño y jodido país está preñado de esperanza. A pesar de los vaivenes y las tormentas políticas y meteorológicas. Escurriéndose entre las placas que de vez en cuando abren en canal sus entrañas... la vida brota como la lava de sus volcanes, como el vapor de los hervideros de San Jacinto. Managua es la gran urbe, peligrosa y extensa que encierra rincones hermosos y oportunidades. León la boca del infierno. Matagalpa la montaña salpicada de café. Y Estelí el comercio del norte. Este pequeño y jodido país no aparece en las guías y los cheles y los gringos -muy a su pesar y a pesar de su presencia- aún no lo han profanado. No aparece en las guías ni falta que hace. Porque este pequeño y jodido país tiene una geografía y un paisaje que se esconde a las miradas del turista y el oportunista. El paisaje y la geografía de este pequeño y bendito país es sobre todo (por encima de todas las cosas) y en el fondo (en lo esencial, en lo profundo) un PAISAJE HUMANO. Hecho de rostros e historias, cincelado de triunfos y revoluciones dormidas. Construidocon el alma de un pueblo que es nada más -y nada menos- que eso, PUEBLO.
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Tiene algo de ritual y un poquito de terapia. Primero pensar en todo lo que puede (hermoso verbo que condiciona todo este artículo) hacer falta. Anotarlo si uno es especialmente cuidadoso o lo contrario... Luego buscar esa camiseta que nunca te pones y que se te hace ahora, en el momento de partir, indispensable... Pilas, cargadores y otros gadchets... Libros que dejamos pendientes para ese viaje largo de avión o libros que han salido a nuestro encuentro (no tan casualmente, no tan accidentalmente) como si intuyeran que es ahora cuando tenemos tiempo para ellos... Los últimos mensajes a la familia o los amigos... Los más fieles siempre llaman a última hora... son los últimos siempre. Y los primeros. Amontonarlo todo sobre la cama. Camisetas, pantalones, zapatillas... manga larga, manga corta, desmontables... pañuelos, gorras, maquillaje... Un sin fin de cosas que inundan la casa a punto de ser "desertada"... Hacer la maleta tiene siempre algo de definitivo. Como si fuera un gesto irrepetible, terminal. Como si aquello que se coge y que se deja fuera para siempre...
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Irene estuvo la semana pasada en Sevilla. En los Reales Alcázares descubrió un original de DE CLARIS MULIERIBUS de Bocaccio... Le pareció un regalo... y lo compartió... envió un sms a su viejo profesor... Irene estudió derecho pero debería haber estudiado literatura. Le gusta el derecho pero ama las palabras.
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Un poeta de esta tierra escribió alguna vez, en algún lugar que las gentes de interior somos huérfanos de mar. Recordamos tal vez épocas atávicas en las que nuestra tierra formó parte del océano y nos sentimos abandonados por las olas como la arena tras la bajamar. Quizá ese sea el motivo por el que millones de hombres y mujeres del interior se desplazan cada verano a la costa con la urgencia de quien espera encontrar todo lo buscado allí, en los márgenes... El mar representa el contorno que nos define (como seres continentales o peninsulares en nuestro caso), nos limita y nos enmarca y acudimos al extremo de nuestra tierra buscando el arrullo de un mar que nunca nos ha pertenecido. A pesar de los turistas, de los niños-hijos de turista, de las sombrillas y el ruido... el mar siempre se acaba imponiendo y nos recibe con su calma que no cesa con su abrazo de olas que se rompen en la arena delicadamente...
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Es tiempo de verano, descanso y vacaciones. Por estas fechas parece que crece nuestra necesidad de hacer kilómetros, de alejarnos de la rutina o del hogar, de apartarnos... Vicente Verdú en su último libro Yo y tú, objetos de lujo reflexiona acerca del viaje señalando como "un hombre culto y viajado del siglo XIX hacía muchos menos kilómetros que cualquier estudiante universitario de nuestro país en nuestros días"... Nos hemos acostumbrado a desplazarnos, a conocer otros lugares y ambientes. Nos movemos demasiado rápido y probablemente no acabamos de ver lo que miramos... Sin embargo sigue siendo una necesidad la de salir...la de dejar a nuestras espaldas la distancias necesarias para descansar de verdad... para hacer aquello que llamamos "desconectar"... El viaje tiene propiedades terapéuticas... nos desarraiga, nos arranca del anquilosamiento y nos libera de los "pendientes" que llenan la vida (desde pasar por el banco o colgar ese dichoso cuadro en la pared... a mantener esa conversación que dilatamos o "hacer números"). El viaje se defiende a sí mismo. Se basta a sí mismo. Según van avanzando los kilómetros se siente uno ligero y se encuentra con lo único de lo que no se puede escapar... con uno mismo... Se pierde en comodidades y se vence en necesidades. En ruta apenas se necesita un mapa (desplazarse sobre el papel es ya el primer viaje) un destino (no siempre real, ni siquiera verídico) y buena compañía... En verano y en cualquier época... carretera y manta.
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La tradicional danza de los monjes sufís, los derviches consiste en girar, girar, girar... Una danza hecha oración. Una oración convertida en danza para ser compartida... En el baile tradicional el monje mantiene un brazo erguido hacia lo alto para recibir la energía de Dios y el otro brazo se inclina hacia abajo para derramar las bendiciones recibidas. Un hombre baila frente al torreón Fortea sobre los cimientos de la Torre Nueva... Un hombre gira, se golpea el pecho, se tapa los ojos y la boca... se mesa los cabellos, golpea su cabeza y gira. No ver, no escuchar, no pensar... sólo sentir... En lugar de las bendiciones de sus antepasados sufís derrama su propio corazón hecho danza mientras las miradas se pierden en las ondas de las capas de su falda. Un hombre joven venido de lejos baila para todos y para sí mismo... La vida es tan sólo eso girar, girar, girar... engañando a la mente y al corazón, mirando sin ver, oyendo sin escuchar. En apenas veinte minutos un hombre cuenta la historia de su pueblo reducida a las cenizas de los sentimientos de los individuos que ya ni siquiera nacieron allí. Un relato hecho danza enredado en los giros inacabables de sus pies.
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El pasado fin de semana se celebró la tercera edición de "trayectos" un encuentro de danza de esos que andan en vanguadia... El domingo por la tarde en la plaza San Felipe... Cientos de aficionados paseando tras la organización por la ciudad, de uno a otro escenario. Cientos de miradas y mucho arte... Lástima que el arte camine tan deprisa que sea difícil alcanzarlo. Lástima que si no nos cobran una entrada y re-conocemos nombres, proyectos, títulos... no seamos capaces de disfrutar... Un regalo... que ABC DANZA organizó a la perfección. Un "momento" ofrecido a una ciudad que vive de espaldas a la cultura... Los que estuvieron acabaron por re-conocerse las caras. Tres días y muchas coincidencias... Los que pasamos "de visita" también re-conocimos a jóvenes, mayores, gentes de barrio y "culturetas"... Danza para todos en el lugar de todos: la calle... Lo dicho: un regalo.
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