promesas

lunes, junio 02, 2008

Hace poco recibí un mensaje de N. en el que me recriminaba - animaba - abroncaba - instigaba a continuar escribiendo aquí en este rinconcito que un día A. me regaló en la Internet.

He de reconocer que muchas veces tengo dudas... Las palabras son parte de uno y las lleva tan pegadas, y las usa, las mal-usa, las ab-usa de tal modo que llega un momento en que no sabe si ha llegado ya el tiempo del silencio. Uno se pregunta si la novela siempre inacabada quedará siempre así... eternamente proyectada. Uno se pregunta si las palabras son necesarias... incluso para uno.

Y entonces releo todo esto, y escucho los ecos de mis palabras y me lanzo a una espiral de promesas a mí mismo que sé que no cumpliré pero que no quiero dejar de hacer.

Prometo no dejar de creer que una palabra puede cambiar una vida.
Prometo seguir venerando las palabras ajenas que han dado un vuelco a mi vida, los "te quiero", los "adelante", los "podemos", los "nosotros".
Prometo que seguiré creyendo que algún día terminaré lo empezado.
Prometo regalarme el tiempo necesario para las palabras.
Prometo defender con uñas y dientes el tiempo de los dos.
Prometo no olvidar que en las palabras descansa lo mejor de mí.
Prometo dejar un mensaje en tu buzón cada vez que se me agarre una pena en el corazón.
Prometo acunar tus palabras para que se duerman junto a mi alma en silencio.
Prometo seguir bebiendo de tus ganas de vivir.
Prometo dejar que las palabras sigan su camino.
Prometo no dejarlas pasar de largo ante mí.

Sé que no puedo cumplir mis promesas, que no puedo evitar cruzar los dedos... Por eso te doy las gracias Nerea, por eso te doy las gracias Asunta. Por no dejarme escapar de mis promesas...

3 comentarios:

Muñeca Pepona dijo...

Prometes dar a tu ''ahijada'' un abrazo muy fuerte cuando un día de estos vaya a verte.

Me acuerdo cuando contaste que un día empezaste una novela, me acuerdo que estaba en clase mientras lo contabas (a veces podía estar físicamente, pero no mentalmente) y en ese momento, o quizás dos minutos después, tuve la certeza de que esas páginas saldrían a la luz, pero ya sabes lo que dicen, las obras maestras se construyen con tiempo y con paciencia, y aunque no vayas a ser el premio nobel, para A. y para N. seguro que eres el mejor escritor de la historia.

Un beso grande señor Trívez, y sigue escribiendo porque me encanta leer(te).

muñeca pepona dijo...

Señor Trívez parece mentira que a sus años, una jovencita como yo tenga que regañarlo por no deleitarnos con sus palabras.
Así que ánimo, desenfunda la pluma, coge el cuaderno y empieza a escribir...Algunas echamos de menos palabras que nos miren.

Un besazo!

Anónimo dijo...

Prometo no dejar de creer que una palabra puede cambiar una vida